domingo, 22 de enero de 2012

México SA:

Los nuevos modelos de contratos "incentivados" no son más que  la entrega descarada y oficial de los energéticos a las empresas trasnacionales. Es claro el afán de la actual administración de beneficiar a aquellas y dejar a Pemex y el país en la miseria. Tarde que temprano tanto la administración de Pemex como la actual federal serán enjuiciados por el terrible daño a la empresa y al patrimonio del  país.

  • Otro atraco a la nación
  • Pemex: nuevo modelo
  • Petróleo, negocio privado
Carlos Fernández-Vega
La jornada 21-ene-2012


Resulta indignante que nadie ose detener el asalto de que son víctimas la nación y sus habitantes. El saqueo es verdaderamente feroz y acumula tres décadas, pero todo indica que no ha sido suficiente, pues a escasos meses de que se vaya muy lejos –mientras más lejos, mejor– el gobierno calderonista mete el acelerador a fondo (no de forma gratuita, desde luego) para acrecentar aún más los negocios privados con bienes de los mexicanos. Metales preciosos y otros recursos mineros, petróleo, electricidad, gas y los sectores productivos que se queden en el tintero, que no son pocos, han sido descaradamente traspasados a los voraces Forbes mexicanos y a las insaciables trasnacionales. Restan 10 meses y pico de mandato y hay que llenar alforjas.
Entre lo más reciente destaca lo siguiente: Petróleos Mexicanos emitió una nueva y segunda convocatoria para que empresas privadas nacionales y extranjeras realicen la explotación de campos maduros de la región norte, mediante la cesión de las actividades sustantivas de Pemex Exploración y Producción (PEP), el organismo más importante de la petrolera mexicana. Ahora se incluyen seis áreas contractuales, dos marinas (Arenque y Atún) y cuatro terrestres (Altamira, Pánuco, San Andrés y Tierra Blanca), las cuales se ubican en el sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz.
Lo anterior es grave, pero falta la mejor parte: “El nuevo modelo de contratos eleva el plazo de las concesiones de 25 a 30 años; Pemex participa sólo con 10 por ciento del proyecto; el riesgo ambiental lo asume la paraestatal. Se incrementa el factor de ajuste de tarifa de 60 a 70 por ciento, lo que implica un pago más alto al contratista. Se aplica un régimen fiscal más flexible que la onerosa carga impositiva que se aplica a Pemex. De esta manera, el precio que pagará Pemex por la extracción de crudo, junto con 70 por ciento del costo de las facturas que presente el contratista, será de alrededor de 20 dólares por barril, que contrasta desfavorablemente con el precio de extracción de Pemex de 5.22 dólares por barril, alertaron expertos de la industria… Se estima que en las seis áreas que se concursará la producción será de alrededor de 100 mil barriles por día en los próximos tres o cuatro años (La Jornada, Israel Rodríguez)”.
¿Qué tipo de negocios organiza, promueve y autoriza el depredador gobierno calderonista para los voraces Forbes y las insaciables trasnacionales? Pues aquellos totalmente contrarios a la nación y a los intereses de los mexicanos, pero que dejan jugosas ganancias a los participantes (amigos del régimen, desde luego), pues los beneficiarios del nuevo modelo de contratos cobrarán 283 por ciento más de lo que a Pemex le cuesta extraer el mismo barril de crudo, es decir, la paraestatal, con recursos públicos, pagará alrededor de 20 dólares por algo que a la empresa del Estado le cuesta 5.22 dólares si lo hace ella. ¿En qué película de terror se ha visto semejante barbaridad? En el filme México, Sociedad Anónima, estrenado tres décadas atrás, en el que, según se acerca el final, cada escena (léase negocio) resulta más espeluznante y depredadora que la anterior.
Se supone (así lo argumentó el calderonato a la hora de cabildearlo en el Congreso) que el nuevo modelo de contratos de Petróleos Mexicanos no sólo era necesario, sino de urgente aplicación, porque la paraestatal, según dijo, carecía de recursos para extraer crudo de campos maduros. No hay dinero; Pemex no tiene con qué, de allí que sea ineludible la participación del capital privado, repitieron una y otra vez los personeros gubernamentales. Pero resulta que a la hora de implementarlos el gobierno de Calderón está dispuesto a pagar 283 por ciento más de lo que al mismo Pemex le cuesta extraer un barril de crudo.
El costo de extracción del crudo mexicano es uno de los más bajos entre las naciones productoras de petróleo: 5.22 dólares por barril al cierre de 2010. Cuando Calderón se instaló en Los Pinos tal costo era de 4.13 dólares; en 2008 llegó a 6.16 dólares, para reducirlo a 4.85 dólares en 2009 e incrementarlo a 5.22 dólares en 2010. ¿Cuál fue el margen de ganancia por barril, ya descontado el costo de extracción? Ahí va: mil 184 por ciento en 2006; mil 270 por ciento en 2008; mil 83 por ciento en 2009 y mil 285 por ciento en 2010. En 2011 (hasta noviembre) se elevó a mil 728 por ciento. Entonces, margen de ganancia hay, y amplísimo, como para sostener la tesis de que no hay dinero; Pemex no tiene con qué, de ahí que sea ineludible la participación del capital privado.
Ahora que –en el supuesto– si en realidad no hay dinero y Petróleos Mexicanos no tiene con qué, ¿a qué desquiciado funcionario se le ocurrió pagar 283 por ciento más de lo que a la paraestatal le cuesta producir lo mismo y además cargar con el daño ecológico? A ninguno, porque no se trata de pérdida de juicio, sino de jugosos negocios privados con bienes públicos (módica comisión de por medio). Y Calderón y los suyos van por más en estos 10 meses y pico que les restan de estancia en Los Pinos. Entonces, ¿dónde están los siempre activos ciudadanos que masivamente protestan por las mentadas de madre de las ladys de Polanco, la ignorancia supina de Peña Nieto y/ o los impúdicos chistes del Platanito, pero que guardan silencio sepulcral ante el impune atraco a la nación, que no es otro que a los propios mexicanos? Desesperante.
Como dice que no hay dinero, el inquilino de Los Pinos se dio el lujo de vetar un fondo extraordinario (10 mil millones de pesos de recursos públicos) para atemperar los brutales efectos de la sequía en la mitad de la República; no hay dinero para reconstruir las zonas devastadas por huracanes, terremotos e inundaciones; no hay dinero para atemperar la miseria de los rarámuris y evitar las muertes por hambre; no hay dinero para sacar del hoyo a 57 millones de mexicanos pobres. Tampoco para iniciar la construcción de la cuatro veces prometida nueva refinería en Hidalgo o reactivar los 8 mil 500 empleos de Mexicana de Aviación. Nunca hay dinero público para las urgencias nacionales, pero siempre lo hay, rápido y en abundancia, para los negocios privados con bienes públicos.







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